
Por fin llegaron las esperadas vacaciones: Una necesaria semana de descanso físico y mental frente al agotamiento y al estrés laboral. Pepe el viajero, amigo introducido por Mariel a mi entorno cusqueño, tenía preparado un interesante plan de viaje hacia las ruinas de Choquequirao, al cual no dudé en sumarme ya que sentía la necesidad de salir de la ciudad por unos días. Las ruinas y la extenuante caminata eran un excelente plan; sin embargo, un impulso de último momento me hizo cambiar de destino: Cambié la ruta hacia Abancay por la ruta hacia el oriente. Tres horas de viaje a Paucartambo, cinco más a Pillcopata (ocho en total desde Cusco en la empresa Gallito de las Rocas), un par más para llegar a Salvación, capital de la provincia del Manu, una noche de descanso en el albergue del proyecto ChaskaWasi (gracias a la buena Amandine, voluntaria francesa radicada hace unos meses en la selva), un amanecer de gallos y grillos, y finalmente, cuatro horas a Shintuya, en grata compañía.
María y Laia llegaron desde Barcelona para trabajar en
Ecoturismo Wanamei, empresa que promociona paquetes turísticos en comunidades nativas de Madre de Dios, en las zonas colindantes a la
Reserva Nacional del Manu. Como parte de sus prácticas para el posgrado en Ecoturismo, ellas partieron a la comunidad de Shintuya donde colaboraron en la construcción de un albergue turístico y en la capacitación a los pobladores de la comunidad. Ante la posibilidad de pasar unos días en la selva y de conocer esta comunidad y el proyecto de
Ecoturismo Wanamei, el plan Choquequirao tuvo que ser remplazado. Shintuya es una pequeña comunidad conformada por aproximadamente 300 habitantes, pertenecientes a la etnia Harakmbut. Está ubicada a orillas del río Alto Madre de Dios y fue influenciada en su desarrollo por una misión dominica que llegó a la zona a mediados del siglo pasado. Sus pobladores mantienen vivo el lenguage de su etnia, aunque con el pasar del tiempo, las costumbres ancestrales de los Harakmbut vienen perdiéndose. Shintuya cuenta con un teléfono público, una central de radio de onda corta, un pequeño puerto o playa, una trocha de ingreso, un precioso albergue para turistas y gente muy buena dispuesta a hacer pasar un buen rato a los visitantes.
El viaje a Shintuya incluyó paseos en peque-peque por el río, caminata hacia la cueva de los guacharos, campamento en el monte, baños de río, algunas picaduras, hasto arroz, inauguración del albergue, fiesta-borrachera en el salón comunal, nuevos buenos amigos y algunas cosas más. Comí Sachavaca, me tiré clavados en el río, vi caca y huellas de otorongo, escuché a los gallitos de las rocas, vi un ataque de garrapatas, cojí una cucaracha con la mano, mojé mi mochila y abombé mi ropa, jugué con los niños y conversé con los adultos, pasé noches a la luz de la vela, me sané de la gripe, en fin, la pasé muy bien y hasta me provocó pasar un tiempo más largo por la selva. Debe de haber por allá algo para hacer, habrá que ver.. Welcome to the jungle!